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Los alimentos insalubres representan una amenaza global para la salud, poniendo en riesgo la vida de diversos grupos, desde lactantes hasta personas mayores, así como aquellos con enfermedades subyacentes, quienes son particularmente vulnerables. De manera impactante, las enfermedades diarreicas afectan a aproximadamente 220 millones de niños anualmente, con un trágico resultado de 96,000 muertes entre ellos.


La intersección de alimentos insalubres genera un círculo vicioso de diarrea y malnutrición, comprometiendo el estado nutricional de los más vulnerables y exacerbando los desafíos de salud pública a nivel mundial. Eventos significativos como la Conferencia Internacional sobre Inocuidad Alimentaria en Addis Abeba (2019) y el Foro Internacional sobre Inocuidad Alimentaria y Comercio en Ginebra (2019) reafirmaron la importancia crítica de la inocuidad alimentaria en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Instaron a los gobiernos a elevar la inocuidad de los alimentos al rango de prioridad de salud pública, reconociendo su papel fundamental en la formulación de políticas y la creación de marcos normativos eficaces.


La contaminación de alimentos puede originarse en cualquier etapa de la cadena de producción o distribución, y aunque la responsabilidad recae en gran medida en los productores, no se puede ignorar la contribución de prácticas incorrectas en hogares, restaurantes o mercados, que llevan a numerosas enfermedades transmitidas por los alimentos. La conciencia y la comprensión de la importancia de adoptar prácticas higiénicas básicas por parte de manipuladores de alimentos y consumidores es esencial para proteger la salud pública.


En este sentido, todos desempeñamos un papel crucial en garantizar la inocuidad alimentaria. Los responsables de políticas tienen la oportunidad de crear y mantener sistemas e infraestructuras adecuadas, fomentar la colaboración intersectorial y global, e integrar la inocuidad alimentaria en políticas alimentarias más amplias. Actuar a nivel local con una perspectiva global asegura que los alimentos producidos localmente mantengan altos estándares de inocuidad al ser exportados.


Tanto los manipuladores de alimentos como los consumidores pueden contribuir adoptando medidas eficaces. Desde la lectura detenida de etiquetas hasta la aplicación del Manual sobre las cinco claves para la inocuidad de los alimentos de la OMS, cada elección informada y práctica segura en el manejo y preparación de alimentos contribuye a la prevención de enfermedades.


La Organización Mundial de la Salud (OMS) desempeña un papel esencial en la facilitación de la prevención, detección y respuesta a la amenaza de alimentos insalubres a escala mundial. Desde la realización de evaluaciones científicas independientes hasta la colaboración con organizaciones internacionales como la FAO y la OIE, la OMS trabaja para fortalecer la confianza del consumidor y mejorar la capacidad de los Estados Miembros para gestionar los riesgos alimentarios.


Esto se logra mediante la evaluación estructurada y transparente del desempeño de los sistemas de control de alimentos, la evaluación de nuevas tecnologías alimentarias y la asistencia para mejorar los marcos legales y las infraestructuras nacionales. La colaboración estrecha con la Red Internacional de Autoridades en materia de Inocuidad de los Alimentos (INFOSAN) agiliza el intercambio de información en situaciones de emergencia.


En última instancia, la promoción de prácticas seguras para la manipulación de alimentos y la integración de la inocuidad alimentaria en políticas nacionales y programas de seguridad sanitaria son pasos cruciales hacia un mundo donde la salud pública esté protegida desde la producción hasta el consumo. La OMS, en conjunto con sus socios internacionales, continúa liderando estos esfuerzos para garantizar que la inocuidad alimentaria sea un componente integral de la seguridad sanitaria global.